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miércoles, 27 de julio de 2011

Estamos trabajando en ello


En un mundo supercomunicado en el que, aparentemente, nos cuesta menos enseñar los huevos que mostrar nuestro interior, todo es una enorme farsa. Ponemos nuestra mejor foto de perfil en Facebook y frases ingeniosas en Twitter, ofreciendo al mundo lo mejor de nosotros. Incluso algunos comunicadores nos dicen que tengamos cuidado con lo que decimos, que hay cosas que podrían perjudicar nuestra imagen. Porque hoy en día y más que nunca, todos tenemos una imagen que mostramos click a click y que procuramos mantener trabajando a fondo en ella. Somos pequeños famosillos del extrarradio del estrellato. Yo mismo me tomo como un pequeño placer diario mirar las visitas de este blog e, incluso, me llevo pequeñas decepciones cuando son pocas.

Sin embargo, yo ya tenía suficiente con la imagen real, de carne y hueso, que supuestamente debo mostrar al mundo como para encima tener que tragarme toda esta mierda. He llegado a una encrucijada vital. ¿Debo seguir luchando por mantener una imagen que, por otro lado, me hace mejorar día a día aunque eso signifique ir alejando más y más la felicidad que persigo? O, por el contrario, ¿debería decir eso de "Virgencita que me quede como estoy" y aprender a vivir con mis victorias, mis fallos, mis virtudes y mis limitaciones ciertamente superables?

Creo que soy espontáneo. Pero ahora voy a trabajar en serlo mucho más. Iré al gimnasio cuando me apetezca y comeré lo que me plazca. Twitearé y pondré mensajes en el Facebook de la índole personal que me venga en gana. Mostraré en mi blog personal las partes de mí que crea oportunas, aunque lo vaya a leer mi futuro jefe. Hola, Futuro Jefe. Si no te gusta este blog, adós Futuro Jefe. Si te vas a basar en mis redes sociales para mi futuro trabajo que te den, madre no hay más que una y a Kate Moss la descubrieron en un aeropuerto.

Bienvenido, querido creo-que-eres-el-amor-de-mi-vida. Si no crees que estoy a tu mismo nivel, adiós, futuro creo-que-eres-el-amor-de-mi-vida. Puede que tú creas que no estoy a tu altura, pero te equivocas: Cuelgo mi abrigo en la aguja del Empire State Building.

En definitiva, voy a desabrocharle el cinturón a mi alma y a darle lo que me pide: Un enorme cubo de pollo frito y grasiento tan grande que pueda usar como taburete al darle la vuelta.

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